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sábado, 14 de septiembre de 2013

JOSE SANTOS CHOCANO GATAÑODI

Nace en Lima, Perú, el 14 de mayo de 1875 y su defunción fue en Santiago de Chile el 13 de diciembre de 1934 a la edad de 59 años. Hijo de José Félix y María Aurora. Descendiente del precursor de la independencia peruana, Francisco de Zela; también solía decir, que era descendiente del famoso gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba, capitán castellano al servicio de los Reyes Católicos.

Es ampliamente conocido por su defensa del americanismo, luchando por los derechos de los aborígenes en oposición al imperialismo de los Estados Unidos.  

Fue poeta, diplomático, escritor y periodista. Menospreciada su poesía, lo consideraban un simple versificador en contraposición a José María Eguren, a quien se le atribuye la iniciación de la tradición de la poesía moderna en el Perú. Cesar Vallejo dijo de Eguren que “representa en nuestra historia literaria la poesía pura”.  

José Santos Chocano escribió acerca de las bondades de la tierra con estilo propio en perspectiva modernista, entremezcló sus raíces con la lírica, determinados recursos poéticos alcanzaron expresividad destacable. Su poesía fue más que todo social, porque también escribió versos personales. A pesar de las críticas que le hicieron al compararlo con el poeta Eguren, ambos, son padre del modernismo en el Perú. Su obra se esparció en forma oral sin ser publicada; se salvaron algunos poemas, entre ellos Alma América que le valió el título de “Cantor de América”: Los primeros tres cuartetos y medio son una especie de blasón, como escudo de su América; los tres cuartetos y medio últimos, son una especie de troquel, como una matriz de su América. Es un poema bien logrado, lírico y social. 

ALMA AMÉRICA 

Blasón: 

Soy el cantor de América autóctono y salvaje;
mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
Mi verso no se mece colgado de un ramaje
con un vaivén pausado de hamaca tropical...

Cuando me siento Inca, le rindo vasallaje
al Sol, que me da el cetro de su poder real;
cuando me siento hispano y evoco el Coloniaje,
parecen mis estrofas trompetas de cristal...

Mi fantasía viene de un abolengo moro:
los Andes son de plata, pero el León de oro:

y las dos astas fundo con épico fragor.
La sangre es española e incaico es el latido;
¡y de no ser poeta, quizás yo hubiese sido
un blanco aventurero o un indio emperador!

Troquel:

No beberé en las linfas de la castalia fuente,
ni cruzaré los bosques floridos del Parnaso
ni tras las nueve hermanas dirigiré mi paso:
pero, al cantar mis himnos, levantaré la frente.

Mi culto no es el culto de la pasada gente,
ni me es bastante el vuelo solemne del Pegaso:
los trópicos avivan la flama en que me abraso;
y en mis oídos suena la voz de un Continente.

Yo beberé en las aguas de caudalosos ríos;
yo cruzaré otros bosques lozanos y bravíos;

yo buscaré a otra Musa que asombre al Universo.
Yo de una rima frágil haré mi carabela;
me sentaré en la popa; desataré la vela;
y zarparé a las Indias, como un Colón del verso.

Alguno de los muchos críticos que arremetieron contra Chocano dijeron: “La huella de Chocano en nuestra literatura – y en el idioma – duró más de lo que confiesan sus vergonzantes seguidores. Provocó su ocaso primeramente, la ambición chocanesca de decirlo todo y su impermeabilidad a toda interpretación; segundo, su vida, llena de altibajos, amoral y aventurera; tercera, su adhesión a dictadores y caudillos y su desdén al hombre común y, por tanto a la democracia; cuarto, su prurito de disponer de mucho dinero, para aventarlo sin jactancia ni regateo. Pero la presencia de Chocano es patente en toda la poesía del idioma desde 1900 hasta por lo menos 1920”.

Principales obras:

Poemarios:  1895, Iras Santas; En La Aldea.
                    1896, Salva Virgen.
                    1906, Alma América.
Poemas:      1899, poema épico, La Epopeya del Morro.
                    1901, El Canto del Siglo.
Antologías:  1908, Fiat Lux
                    1934, Primicias de Oro de Indias.
Colección:   1940 a 1941, Oro de Indias.
           
EL SUEÑO DEL CAIMAN
               
Enorme tronco que arrastró la ola,
yace el caimán varado en la ribera;
espinazo de abrupta cordillera,
fauces de abismo y formidable cola.

El sol lo envuelve en fúlgida aureola;
y parece lucir cota y cimera,
cual monstruo de metal que reverbera
y que al reverberar se tornasola.

Inmóvil como un ídolo sagrado,
ceñido en mallas de compacto acero,
está ante el agua estático y sombrío,

a manera de un príncipe encantado
que vive eternamente prisionero
en el palacio de cristal de un río.




 

 

 

 

 

 

 

 

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