¡AH!... cuando me insinuaste verte
Mi ser sintió una acción de regodearse,
Y se impulsó con fuerza vehemente,
Entrando en éxtasis fruitivo.
Vaya… ¡es abominable!...
No poder deleitarte eternamente.
¿Por qué, por qué, sí es del ser enamorarse,
Nunca se pudo coronar amor votivo;
Acaso, el recato, impidió amistad perdurable?
¡Delicia! Y eso sin catarte.
Medellín, 29 de diciembre de 2006