
Sentado cabizbajo sobre la almena[1],
inundada la mente de melancolía,
se traslapa[2] la alegría con la pena;
¡Oh angustia!: matas al alma mía.
inundada la mente de melancolía,
se traslapa[2] la alegría con la pena;
¡Oh angustia!: matas al alma mía.
¿Qué silencio ronda aquel estado
induciendo al espíritu a la derrota?,
¿te martiriza acaso algún pecado
o está ansiosa, quizás, tu alma toda?.
¿Cuál incertidumbre es tu sigilo,
no crees que debes del letargo despertar?.
La meditación ha llegado a punto,
iniciando entonces la hora de cambiar...
¡Oh reflexión!: expulsa al dolor!
y arróbate alma mía, con el amor.
29 de noviembre de 1991
[1] f. Cada uno de los prismas que coronan los muros de las antiguas fortalezas para resguardarse en ellas los defensores.
[2] tr. Cubrir total o parcialmente algo con otra cosa.