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sábado, 9 de agosto de 2014

ANTONIO JOSE CANO (Antonio J. Cano -El Negro Cano-)


Su nacimiento, algunos historiadores dicen que fue en el municipio de Yarumal;  otros en cambio, dan a Medellín como su patria chica, Antioquia, en el año 1874 y muere en Medellín en 1943. Cultivador de las letras; tanto en las revistas, como en las tertulias literarias. Fundó la revista Alpha, que tuvo siete años de vida. Le apodaban “el negro Cano” como retribución a su caballerosidad y simpatía. Fue miembro correspondiente de la Academia Colombiana de la Lengua. Su profesión librero, y en su establecimiento, se reunía la intelectualidad Antioqueña. Un amigo, me contó, que la librería del Negro Cano fue fundada en 1948 por Avelino Ríos Llano, comerciante, el cual le colocó el nombre de LA CIGARRA; además, me dijo que se la había vendido a una persona alta, delgada, morena; concluí que era El Negro Cano, porque fue una persona alta, morena y pudo haber engrosado. De todas maneras, excelente traductor de poetas extranjeros, entre los que se cuenta, Haraucourt, Víctor Hugo, DÁnnunzio,  y también poetas árabes. Dirigió algunas publicaciones como “Literatura y Arte”; “Colombia”; “Vida Nueva” y obviamente “Alpha” donde escribían los literatos antioqueños de principio de siglo.
Se puede mencionar de su obra: Madrigales y otros poemas; Rimas Moriscas (versión de poemas árabes); canto a Medellín; árbol muerto; Amor de Caridad, etc.
Lírico, espontáneo y de facilidad para la versificación, demostrado en sus composiciones de madrigales (Composición poética breve formada por un número indeterminado de versos heptasílabos y endecasílabos distribuidos al arbitrio del poeta; la rima es consonante y puede quedar algún verso suelto). En el año 1935 se editó un libro en donde se recopilaron todos sus madrigales, se llamó: Madrigales de amor y otros poemas. Su composición son pulcras y diáfanas, que le asignaron un puesto de honor entre los buenos poetas de Colombia.
Utilizó los seudónimos de “Gutiérrez de Cetina o Rodríguez María o doña Blanca de los Ríos.
Dijo el Español Francisco Villaespesa que Antonio José Cano: Para Medellín, el poeta Cano es algo esencial en su peculiarísima fisonomía. Es el alma misma de la ciudad, hecha color, música y línea. Alma clara, armoniosa, sencilla, que sabe orquestar maravillosamente los más nobles sentimientos y los más redentores ideales, en versos de admirable espontaneidad y de una corrección perfecta de forma. Pensar alto, sentir hondo y hablar claro, el famoso credo poético campo amorino, tiene en el autor de las inimitables Rimas Moriscas su devoto más ferviente. No busquéis en su arte sobrio y puro las pomposas complicaciones verbales que constituyen la única espejeante sugestión de los novísimos poetas. Pero a cambio de esta vanidad exterior, de este oropel cascabelero y llamativo, hallareis la emoción sincera, inagotables tesoros de belleza espiritual”.
También se batió en la prosa con su poema franciscano “Amor de Caridad”. Fue en su librería, lugar de su trabajo permanente, en donde la diversidad de autores alimentó su espíritu con las páginas más exquisitas de la lengua Castellana; por eso sus versos conservan el equilibrio de  los clásicos y de los modernistas, y se consolida como un vate de selección.

María Luisa Restrepo Arango en su libro EN BUSCA DE UN IDEAL. LOS INTELECTUALES ANTIOQUEÑOS EN LA FORMACIÓN DE LA VIDA CULTURAL DE UNA ÉPOCA 1900 – 1915, en la página 119 se lee: “… La Tertulia del Negro Cano constituyó otro ejemplo, bastante representativo por cierto, de esa búsqueda –no institucional- por fomentar un ambiente cultural más abierto y dinámico. Fue llamada por Francisco Villa López ‘la antesala de Medellín’ y nació en el año 1907, en la recién fundada Librería de Antonio J. Cano, situada en el cruce de la calle Colombia (50) con la Carrera Carabobo (52), en la planta baja del edificio Duque; allí: Luego de las diarias tareas, cualesquiera que fuesen: sin actas firmadas y a firmar, sin #orden del día”, sin solicitudes de admisión […] y eran los “Jacobes” patriarcas y los Benjamines, con voz y voto entre los abogados e ingenieros, arquitectos y albañiles, poetas maduros y aspirantes, periodistas y lectores del último libro llegado y el reciente leído para comentarlo; no importa que fuese entre políticos serenos y constructivos, alejados de mentiras y ordinarias ambiciones. Llena estaba la Tertulia de todo cuanto inquietara en felices días este medio nuestro, de apacibles costumbres pero de imaginación que saboreamos con deleite […].
La Tertulia del Negro Cano tuvo sus raíces en el Sofá Republicano, centro de carácter político, fundado por Carlos E. Restrepo, Juan Pablo Gómez Ochoa, Clodomiro Ramírez, Tomás O. Eastman, Tomás Quevedo Alvarez, José Manuel Arango, Alejandro y Libardo López, Félix Betancourt y Antonio J. Cano. Poco a poco el ambiente político del Sofá fue cediendo espacio a las nuevas preocupaciones por la literatura, el arte y la cultura; fueron llegando entonces nuevos miembros, entre ellos Efe Gómez, Nepomuceno Jiménez, Emilio Jaramillo, Alfonso Castro, Alejandro Vásquez y Pacho Díaz Granados, seguidos por otros jóvenes como Horacio Franco, Joaquín G. Ramírez, Samuel Moreno Olano y Jaime Ramírez Gaviria; también asistían León de Greiff, Jesús Restrepo Olarte, Carlos Mejía, Ángel (Ciro Mendía), Félix (Pepe) Mejía Arango y Francisco Villa López. Contaban, además, con las visitas ocasionales de amigos que vivían en otras ciudades como el profesor López de Mesa, Luis Eduardo y Agustín Nieto Caballero, Barba Jacob y Germán Pardo García, que llegaban de Bogotá y México; de Marco Tobón Mejía que llegaba de Santa Rosa de Osos o de París; de Francisco Villaespesa, de Federico García Sanchiz y de artistas y conferencistas de todas partes.

En aquella Tertulia encontraban cabida los temas y problemas más significativos del momento: el debate en torno a la historia política, la búsqueda de una expresión  literaria propia; las inquietudes artísticas encontraron en ella un cálido espacio. Francisco A. Cano entusiasmó desde la Tertulia la creación de una Escuela de Arte. Marco Tobón Mejía propugnó sus teorías modernistas, Carlos E. Restrepo instruyó sus tesis republicanas, Tomás Carrasquilla sostuvo su discusión contra el modernismo, Efe Gómez satirizó el comportamiento antioqueño y Alfonso Castro ambientó su temática urbana”.
Esto es un texto maravilloso de la historia literaria del departamento de Antioquia y un crédito a la labor desempeñada por el Negro Cano desde su profesión y desde su lugar de trabajo; cuando se está rodeado de tanta cultura y se participa sin límite, se puede decir, que su pluma dejó, deja y dejará huella, para esta historia grande y altanera.



Dejo estos dos links, para que se coteje lo que se ha venido diciendo de El Negro Cano y su librería:




Tres poemas de la cosecha de El Negro Cano (Antonio José Cano):

PANAL

Por aquí paso un tropel
de abejas maravillosas,
alegres y bulliciosas
que sin saber para quien


en sus retozos traviesos
al pasar dejan caer
unas gotas de la miel
de que están hechos los besos

Amiga desconocida:
yo te ofrezco este panal
que es la fuente de la vida,
y las que el néctar te dan.

¡Son las musas generosas
que van regando su miel,
como dan el rosal sus rosas
sin que sepan para quién.

MADRIGAL QUE HIZO DIOS

Madrigal que hizo Dios en primavera,
y, como tal, hechura refulgente:
al valle descendió, fugaz viajera,
reina de los jardines del oriente.

Ave que al emigrar, de sus orillas
trajo de los edenes los despojos:
mucha savia ardorosa en las mejillas,
y el sol de medianoche entre los ojos.

Pronunciase en su faz, con trozos vivos
la fuente de Juvencio, que provoca
formando hoyuelos de pasión: furtivos
besos que no acertaron a su boca.

Tal armonía y tal hechura viendo
complacido el Aeda Omnipotente
-brilla– le dijo, y le arrojó sonriendo
¡un rimero de estrellas en la frente!

LA ALONDRA

Así eres tú y así es el arte: cantan
en el placer y en el sufrir; en horas
de desengaño o de pasión, levantan
su trino de cristal en las auroras
o en el paso tremendo de la noche,
así como la alondra
trinando en el salón o en la cabaña,
derrama su derroche
divino en las doradas
rejas o en la amplitud de la montaña;

¡Alondra trasplantada,
en risas y en sonrisas encendida
tu divino tesoro amante vierte,
-que diluye el amargo de la vida-,
que retarda la prisa de la muerte!


JUAN LOZANO Y LOZANO

En esta oportunidad he traído a un colombiano de nombre JUAN LOZANO Y LOZANO, nacido en Ibagué Tolima el 6 de abril de 1902 y fallecido...