
¡Que ímpetu en el hombre a la hora de gobernar!
Llenándose de codicia su alma descompone,
y siente desespero, cual hato al entabanar;
irguiendo en su ser, intriga de bicorne.
Así se anuncia aquel que se dice símil liberador
o tal vez un remedo de aquella flamante gloria
que otrora circundara sin hálito de sectador
los caminos de los Andes en acción promisoria.
Que bueno fuera hoy que el vecino de al lado
tuviera el recato de nuestro libertador,
pero no es así. Fanfarrín como simple primario
se jacta con alarde, y con verbo escalado,
retumba en los micrófonos el tono lacerado,
buscando victimizar a su amigo el vecindario.
5 de febrero de 2008