
La vida, ¡vaya ricura es la vida!
Viéndola con euforia, es entretenida
¡Ah! y al recorrer su laberinto de intrígulis
Saboreamos momentos exquisitos y agradables,
lo mejor que pueda producirse en la Acrópolis,
para ser aprovechado en medidas dosificables.
Ella se nos da en bandeja de oro,
cuando el ímpetu se hace con coraje,
y deambulando o nó con decoro,
se hace dadivosa, correcta y abre el paso.
Se entrega, cubriéndonos con su ropaje
permitiéndonos seguirle a contrapaso.
Ese sentido concedido de experiencia
que volcamos a los nuestros con hilaridad.
Es trabajo de familia la vehemencia
para aportarnos del rumbo la seguridad.
¡Oh arrojo! ¡Oh entusiasmo! ¡Vaya gozo!
cuando todo sale, a pedir de boca no más.
El espíritu embriagado estalla en alboroso:
Gritando con denuedo: ¡Tristeza no vuelvas jamás!
Esta energia nos lleva al atrevimiento
de vivir la vida con ardor y valentía.
Es tanta la alegría y tanto el esparcimiento
que la algazara cobra en cada uno osadía
de seguir el rumbo de la existencia,
Haciendo labor del diario a diario,
acumulando riqueza y experiencia,
para otorgarlas a todos con satisfacción,
cual ser que ama y se vuelve fiduciario
en cántico poético para aumentar la animación.
Medellín, 2 de enero de 2009