
Hoy la noche desparrama
la luz de la inmensa luna.
El cielo está despejado
y hay tanta luz, mucha que nos alumbra,
y hay una mujer:
Con una sonrisa para la alegría,
y una lágrima para el dolor.
¡Ah!... y también hay un hombre
que consuela en la desgracia
y que gime con amor.
Está la vida... está el amor...
Todo está... todo...
Para tú y yo.
¡Qué bonita súplica!
en esta noche de ensoñación.
Qué bello titila aquel lucero
cuando con loco anhelo
allá en lo lejos
se refleja la inspiración.
¿Pero sabes más?
yo busco en ti:
Virtud honesta; diálogo y utilidad;
afabilidad y acatamiento;
facilidad y tranquilidad.
Yo busco en ti:
Lo frágil de una rosa;
lo extenso de una biblia;
el pensamiento que enamora
y el cariño que me brindas.
Hoy te vi pasar, ¡recuerdo!
más nunca imaginé persona más bella.
Hoy el esplendor de tú impecabilidad
rompió el velo de mi saber amar.
Hoy medité profundamente,
pues la noche se aprestaba a ello.
Hoy reuní mis cualidades
como un ave que se lanza al vuelo,
para darte comprensión
como nunca... Óyelo, como nunca;
nunca lo he hecho.
Sí tú me amas,
¡Cuánto te amaría!
Ama pues, esta noche;
La noche de tu gloria
y la noche de mi sueño.
7 de febrero de 1969