
Es éxtasis interno; es un canto al espíritu;
es una reflexión divina; es una luz celestial;
es una búsqueda trascendental con ímpetu
y es una fuerza cantora interna espiritual.
Es viajar hacia la sublime iluminación;
es desarrollar el amor, el perdón y la bondad;
es irradiar luz, júbilo y concentración,
dándolo al exterior en abundante generosidad.
Es el reflejo de mi yo en todas partes...
Haciéndome semejante a la inteligencia divina;
es percibir el ego y qué hace en todos los instantes.
Es engendrar ese soplo o hálito de luz íntima,
entendiendo mi interioridad y mi cuerpo,
como vehículos terrenales del reencuentro.
28 de enero de 2006