
¡Cállense las voces!
De quienes vociferan ideas de confrontación.
No son dignas de tenerlas en cuenta,
ni tan siquiera, de soslayo meditarlas.
Son lúgubres sugerencias que entorpecen
el normal rumbo de la vida.
Son baladíes actos hostigantes
a una población honesta,
que sólo añora amor, trabajo y paz.
¡Cállense las voces!
De aquellos que en sus tertulias aman al oponente,
sin considerar la nobleza de su propio hábitat
que lucha denodadamente,
no solamente para alcanzar progreso,
sino en la resolución de los conflictos ajenos.
¡Cállense las voces!
De los vecinos de al lado que atronadoramente
responden a la comunidad internacional,
declarándose inocentes ante un enemigo común
mafioso, torturador, secuestrador y levantado en armas
en busca del poder de una Nación que no les ama.
¡Cállense las voces!
De todos los que se ufanan tener soluciones al conflicto,
y que cuando tuvieron oportunidad de dirigir al País,
fueron muelles en sus determinaciones.
¡Cállense las voces!
De los imparciales que abandonan su posición
para amoldarla al gusto de su propia opinión.
¡Cállense las voces!
De los sumisos, que en opción de gobernar,
comprometen su real pensamiento en apoyo económico
para alcanzar el codiciado galardón de poder.
¡Cállense las voces!
De los "mudos", los no opinantes en la palestra pública,
que sólo en comidillas tertulianas cocineras,
hacen valer la supuesta valentía.
¡Callense las voces!
O ¡Griten las voces!
que lucharon a brazo partido,
como la historia de la sublime Cartagena de Indias,
que se defendió del sitio en la gesta más heroica
de la Americana epopeya;
y ahora... No es tan sólo ésta, es la Nación entera:
Morir antes que ser esclavo
del vecino del sur o del vecino de al lado.
15 de agosto de 2009