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sábado, 10 de julio de 2010

LA VIA DOLOROSA


"Carlos Villafañe reveló, en parte, en 1944, al periodista palmirano, Gregorio Hernández Saavedra, la historia romántica que le indujo a escribir, a fines del siglo pasado XIX, su poema “La vía dolorosa”, considerado por los grandes de la literatura, como la mejor expresión sentimental escrita por el ilustre vallecaucano."
“ . . . Carlos como violentándose a si mismo empieza el doliente relato:
Hace ya tanto tiempo! Sin embargo, parece que hubiese sido ayer. Yo vivía en Bogotá por allá en las postrimerías del siglo. Era joven y lleno de esperanzas. La vida entonces no tenía estas complicaciones de ahora. Una vez la encontré. Blanca, linda, tan sencilla, tan buena! Se metió en mi corazón sin que yo pudiera sacarla de ahí. Pasaron los días, los meses y los años. El asedio permanente, el ataque sin cuartel que le di con las armas de mi plena juventud, triunfó al fin. La plaza se rindió.
Y fuimos muy felices. Habitábamos una casita situada entre Santa Bárbara y Belén. La vida era una mañana primaveral. Había sido tan largo y permanente el asedio y tan heroico su sacrificio, que era menester cuidar la flor para que no se marchitara. Para que el triunfo no fuera pírrico.
. . .La felicidad nos dejó entrever la aproximación del renuevo. Todo estaba listo para el trance supremo que los médicos amigos habían anunciado que se produciría difícil y con grande peligro. Sin embargo la luz de la fe, iluminaba aunque tenue el amado recinto. El corazón como el náufrago, se agarra esperanzado a la tabla de salvación que flota en el oleaje, y no la suelta.
Tarde en la noche, bajo una llovizna helada que en Bogotá azota el rostro simulando briznas de vidrio que nos hiere la piel, me fui en busca del médico. En ese tiempo no había automóviles, ni calles pavimentadas. Los minutos adquirían la longitud de los siglos. El cruce de cada boca calle me producía algo así como el toque de una corriente eléctrica. La ansiedad ponía sobre mi frente afiebrada raudales de sudor ardiente que se tornaban gélidos al contacto con las rachas de frio que se precipitaban por las calles de la ciudad dormida a la luz de los faroles...
Cuando regresé con el médico a la casita donde la dejara breves horas antes acompañada de una buena mujer, acababa de morir!
Para que contarle lo que siguió… Yo mismo la amortajé y cumplí con el alma desgarrada la misión funeral.
Cuando amaneció, muy temprano, y tratando de ocultar mí dolor y mí tragedia por las callejuelas menos transitadas de Bogotá, la conduje al cementerio acompañado por Víctor M. Londoño, Martínez Rivas y un amigo vallecaucano. Sin carro mortuorio y sin más oraciones que las que musitábamos los cuatro enterradores por cuyos rostros bohemios se descolgaban las lágrimas en puntillas silenciosas y salobres. . .
Esa amargura quedó traducida en el soneto que Carlos Villafañe escribió poco después para que el alma popular lo esculpiera, así burilado por la pena del bardo, en el mármol de la perennidad.”
Tomado de: “El Valle en la nación”, número 140, julio de 1965, pág. 17-18."


I

Yo mismo la enterré... Yo mismo un día
cerre sus ojos a la luz terrena
y enjuqué de su frente de azucena
el trágico sudor de la agonía.

Es un recuerdo blando: Todavía
la nombro en el silencio de mi pena;
descanse en el Señor... Si era tan buena!
duerma en mi corazón... si era tan mía!

Ojos y boca y manos ilusorias,
todo bajo las sábanas mortuorias
quedó como una lámpara extinguida,

y yo, de mi locura bajo el peso,
le dejé el alma en el dolor de un beso
y a duras penas me quedó la vida!

II

Ojos como dos claros madrigales
que abrieron en mi ser profundas huellas;
suaves a veces como dos estrellas
y a veces fieros como dos puñales.

Labios en flor, inolvidable acento
que fue para mi ensueño peregrino
como el agua de Dios que da al sediento
de beber en las vueltas del camino.

Todo bajo la sombra y el misterio
de un árbol, en la paz del cementerio,
fúnebre playa del eterno río...

Pensad en el desangre de mi herida
y decid si hay dolor en esta vida
que en algo pueda compararse el mío.

JUAN LOZANO Y LOZANO

En esta oportunidad he traído a un colombiano de nombre JUAN LOZANO Y LOZANO, nacido en Ibagué Tolima el 6 de abril de 1902 y fallecido...