Observé a tu paso un rostro descansado,
Y lozano… ¡lleno de juventud! Suave como
La frescura de una mañana de rocío
Encolándose a las hojas de los árboles.
Rostro pudoroso, humeante de castidad.
Y lozano… ¡lleno de juventud! Suave como
La frescura de una mañana de rocío
Encolándose a las hojas de los árboles.
Rostro pudoroso, humeante de castidad.

Mi rostro ruborizó dando cierto asomo
De leledad… diciéndome, ¡vaya que cencío[1]!
¡OH cuerpo! Músculos y huesillos virginales
Adentrándose a la anhelada pubertad.
Mi mente giraba, giraba, una y otra vez,
Fijando en ella semejante hermosura,
Que anegó este pobre ser de estupefacción.
¡Ay de mí! ¿Cómo poder resistir la tormenta?,
Pues no he podido olvidar su sofistiquez:
Fue un viento suave y apacible, fue un aura
Vagarosa inundada de rica olfacción[2]
Cual fresca pradera, al ganado apacenta[3].
Medellín, 7 de febrero de 2007
[1] adj. Dicho de la hierba, de una dehesa o de un terreno: Que aún no ha sido hollado.
[2] f. Acción de oler.
[3] tr. Dar pasto a los ganados