El hombre vive entre dos estados:
el flébil y el antológico,
flameando su energía
en un constante bajar y subir,
dependiendo de su estado de ánimo.
Cuando los logros alcanzados
son flébiles, éstos son de nostalgia;
y sí de antología, son de alegría.
Ambos, son de urdir
el desahogo humano.
Es digna de llorarse la melancolía;
y por supuesto; también de llorarse la alegría.
Medellín, 21 de noviembre de 2005
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