Esta ciudad...
Llena de incertidumbre,
corroe la virtud de la caridad:
No hay Dios, no hay hombre.
El odio se incuba
y raudo decae el amor.
Entrar al ser en vereda es angustia,
cuando la galimatías es dolor.
Empleo... ¡No hay!
Sucumben familias a la hambruna.
Suspiro, quejido, ¡ayayay!
Es el cántico de la comuna
ante el juez de Pedanía,
reclamando equidad y pedagogía.
Desarrollo... ¿Se dice de verdad
o es promesa a perpetuidad?
Pregunta para el gobernante.
Las calles se colman de pandillas
y aunque el dirigente es estable,
siguen llegando milicias y guerrillas.
Las personas de bien y de mal
continúan conviviendo, codo a codo,
en su lucha cada día, tal cual,
para sobrevivir: ¡Eso es todo!
Diagnósticos, estudios, proyectos,...
Para la seguridad no hay escucha,
y menos, para los servicios públicos.
Estos en clases bajas, están en permanente veda.
En la dificil lucha de clases
se conjugan: Indigencia y fortuna;
abundancia y escasez.
Dádiva en el pobre y en el rico avaricia.
La ciudad que va siendo enraizada
en la maldad y el desasosiego,
exige de los hombres la mutua ayuda
como solidaridad en el crucial momento.
Es el reencuentro de todos los hermanos.
Los que tienen más, haciendo cribas a sus graneros,
y los que menos, en trabajos comunitarios
poniendose a prueba con los primeros
y con el poder creador de Dios
construir una sola ciudad en pos.
5 de Mayo de 1991
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